12° encuentro ‘‘1984’’ - 8 de enero del 2025

12° encuentro ‘‘1984’’ - 8 de enero del 2025


En este encuentro llegamos a leer los capítulos 2 y 3 de la tercera parte.



Capítulo 2


Winston sufrió torturas físicas y psicológicas durante días, semanas, meses, era imposible saberlo con precisión. Lo drogaron, lo golpearon hasta la inconsciencia, lo llevaron al hambre y al cansancio extremo, lo sometieron a largos interrogatorios, insultándolo, amenazándolo, humillándolo con la finalidad de destruir su psiquis. Los torturadores ponían en juego, a su vez, una estrategia de manipulación que consistía en ciclos de picos de agresividad y luego un trato amistoso. Winston no tardó mucho en confesarlo todo. Hasta las más disparatadas acusaciones, él las confesaba con tal de que dejaran de golpearlo.


Después de un tiempo, reapareció O’Brien aunque Winston tenía la certeza de que había sido él quien, desde las sombras, había dirigido todo su suplicio. Sin embargo, ahora, había llegado la hora de su tormento personal. 


Winton estaba atado a una cama, inmovilizado. O’Brien admitió haber estado vigilándolo en detalle durante los últimos siete años y lo ‘‘diagnostica’‘ como un enfermo padeciente de un trastorno mental. 


Acá O’Brien dice algo que a mí me enciende las campanadas espirituales que repican cuando estoy a punto de leer algo filosóficamente interesante. 



O’Brien: Estás trastornado mentalmente. Padeces de una memoria defectuosa. Eres incapaz de recordar los acontecimientos reales y te convences a ti mismo porque estabas decidido a no curarte. No estabas dispuesto a hacer el pequeño esfuerzo de voluntad necesario.



Tenemos ante nosotros un problema filosófico. ¿Existe el libre albedrío? ¿Qué margen de posibilidad tiene la libertad de elección? ¿Podría existir un sistema de dominación mental tan efectivo que nos arrebatara esa libertad y nos convirtiera en esclavos mentales? O’Brien le reclama a Winston que no haya puesto voluntad para poder ser manipulado completamente, por lo cual, está admitiendo una falla en su sistema de dominación. Sin embargo, promete ir en sus métodos todavía más lejos de lo normal para ‘‘curar’’ a Winston de su enfermedad. 



O’Brien: Te aplastaremos hasta tal punto que no podrás recobrar tu antigua forma. Te sucederán cosas de las que no te recobrarás aunque vivas mil años. Nunca podrás experimentar de nuevo un sentimiento humano. Todo habrá muerto en tu interior. Nunca más serás capaz de amar, de amistad, de disfrutar de la vida, de reírte, de sentir curiosidad por algo, de tener valor, de ser un hombre íntegro… Estarás hueco. Te vaciaremos y te rellenaremos de nosotros. 



Debemos seguir leyendo para averiguar quién logra imponerse: el espíritu de Winston o el sadismo de O’Brien. 


Me pareció identificar un método (llamémoslo así) que O’Brien sigue para lograr la rotura espiritual de las personas. Este método consiste en ir, paso a paso, calando y conquistando territorios cada vez más profundos de la psiquis hasta producir un perfecto lavado de cabeza. Desde este punto hasta el final de la novela vamos a dedicarnos a analizar esta cuestión. 



PASO 1 - Método O’Brien: acciones y palabras


Este paso es harto conocido por nosotros. Se trata de lo que sucede en la cotidianidad de las personas de este mundo. Por medio de la manipulación, el control y las amenazas explícitas o implícitas, las personas dicen y hacen lo que el Partido quiere que digan y hagan. En muchos casos esto se hace carne y genuinamente los individuos creen en esas mentiras pero hay otros casos, como el de nuestro amigo Winston, que son huesos más duros de roer y que es necesario ir más allá. 




PASO 2 - Método O’Brien: Pensamientos



Por largos años Winston se dedicó a decir y hacer lo que el Partido le ordenaba pero por dentro todo le parecía una gran pantomima. Fingía lealtad y devoción como método de supervivencia pero no se tragaba ni una sola palabra. O’Brien va a hacer todo lo posible para cambiar esto. 


El paso 2 consta de tres etapas: la duda, la creencia temporal y la creencia permanente.



ETAPA A: La duda


O’Brien le hace una pregunta a Winston. ‘‘¿Cuántos dedos hay aquí?‘’ (mostrando la mano y escondiendo el pulgar). Cada vez que Winston contestaba ‘‘cuatro’’ y cada vez que contestaba ‘‘cinco’’ pero sólo para contentar a O´Brien, este último apretaba una palanca que lanzaba una descarga eléctrica en Winston y lo hacía estremecer de dolor. 


Lo que O’Brien quería introyectar en Winston es que lo que este considerara la realidad no importaba porque la realidad en sí no existía, la realidad era lo que el Partido dijera que era. Vale la pena aclarar que lo que quiere no es que Winston repita como un loro, sino que realmente lo piense. A Winston el sentido común le dice que las cosas tienen una realidad propia e independiente de los dictámenes del Partido, O’Brien quiere destruir ese sentido común. 



- No puedo evitarlo - balbuceó Winston -. ¿Cómo puedo evitar ver lo que tengo ante los ojos si no los cierro? Dos y dos son cuatro.

- Algunas veces sí, Winston; pero otras veces son cinco. Y otras, tres. Y en ocasiones son cuatro, cinco y tres a la vez. Tienes que esforzarte más. No es fácil recobrar la razón. 



Tanto dolor le infringió que Winston terminó fuera de sí, agobiado, sin poder pensar. Cuando le volvió a preguntar cuántos dedos le estaba enseñando, Winston realmente no sabía la respuesta. Primera etapa terminada. 



ETAPA B: La creencia temporal


Al finalizar la primera etapa, le inyectan algo que le quitó el dolor y le produjo una sensación placentera. Winston sintió agradecimiento por O’Brien. No sé si realmente será el caso, pero esto nos hizo acordar al Síndrome de Estocolmo. 


Después de un rato de conversación, le colocan dos compresas en las sienes y le practican una terapia de electroshock. Winston sintió que algo dentro de sí había desaparecido, como si una parte de su cerebro se hubiera muerto. Ante el interrogatorio de O’Brien no sabía qué contestar y cuando éste le inducía las respuestas, Winston contestaba realmente creyendo que eran verdad. 


Como un espejismo que se desvanece, esta creencia duró sólo un momento. Y si bien, Winston volvió a ver cuatro dedos en la mano de O’Brien, aún así pudo sentir por primera vez en su vida que era posible creer verdaderamente en lo que el Partido decía, que era posible anular su voz interior y llenarse acríticamente del discurso oficial. Segunda etapa terminada. 




Capítulo 3


ETAPA C: La creencia permanente



Tiempo después, Winston y O’Brien discuten sobre lo que depararía el futuro para la humanidad. O’Brien insistía en que el Partido era indestructible y Winston aún sostenía su fe en el ‘‘espíritu del Hombre’’, es decir, en una dignidad esencial propia de lo humano, que más tarde o más temprano lo iba a llevar a la sublevación. 


Winston abiertamente se consideraba moralmente superior al Partido, en otras palabras, consideraba que él mismo era un refugio en el que habitaba el espíritu del Hombre. Por lo cual, O’Brien utilizó dos estrategias para humillarlo y aplastar toda esperanza. Lo primero que hizo fue hacerle escuchar una grabación en la que Winston decía estar dispuesto hacer cualquier tipo de aberración para debilitar al Partido (aquel día en el que ingenuamente creyó haber estado alistándose en la Hermandad). Lo segundo fue mucho más chocante. Lo hizo levantarse de la cama, desnudarse y mirarse en un espejo. Ante sus ojos vio un ser espectral, calavérico, flaco hasta los huesos, de piel gris y cabeza calva, la columna extremadamente curvada y una dentadura con unos pocos dientes. La verdad es que no era un aspecto que bien representara la dignidad humana, más bien, ni siquiera parecía humano. En cuerpo y alma, Winston había sufrido un gran deterioro. 


Aún una esperanza prevalecía en él: ‘‘No he traicionado a Julia’’, es decir, no la había dejado de amar. 






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