11° encuentro ‘‘1984’’ - 2 de enero del 2025
11° encuentro ‘‘1984’’ - 2 de enero del 2025
En este encuentro llegamos a leer el capítulo 10 de la segunda parte y el capítulo 1 de la tercera parte
Capítulo 10
Winston y Julia se quedaron dormidos. Al despertar, todavía estaban desnudos cuando una voz metálica sonó detrás de un cuadro de la habitación. Al caerse el cuadro reveló una telepantalla escondida que les daba la voz de alto. Un instante después, la casa estaba rodeada y la habitación llena de hombres vestidos de negro, con botas en los pies y cachiporras en las manos.
Primero se la llevaron a Julia, no sin antes darle un golpe en el estómago que la hizo doblarse de dolor. Luego entró el señor Charrington. Ya no parecía un viejito simpático y bonachón, había rejuvenecido, su actitud era ahora fría y cortante. Winston comprendió que había caído en la trampa de un Policía del Pensamiento.
Capítulo 1 de la tercera parte
Winston es llevado a una celda, posiblemente dentro del Ministerio del Amor. Las cuatro paredes blancas albergaban una telepantalla cada una. Un banco fino y largo cubría el perímetro de la celda, interrumpido sólo por la puerta y por un inodoro. No había ventanas por lo cual era imposible distinguir el día y la noche.
Durante días estuvo ahí sentado, con dolor en las tripas por el hambre, viendo entrar y salir prisioneros. Los reclusos pertenecientes al Partido eran los que más atemorizados estaban. Permanecían en silencio, con actitud servil. También habían proles apresados, entre ellos asesinos, traficantes, borrachos y prostitutas. Algunos tenían un trato amistoso con los guardias, otros en cambio, vociferaban insultos y amenazas pero ninguno parecía estar tan asustado como los miembros del Partido.
Winston vio pasar al poeta Ampleforth, encarcelado por no eliminar la palabra Dios en una reedición de la poesía de Kipling, a su vecino Parsons delatado por su propia hija por decir en sueños ‘‘abajo el Gran Hermano’’, entre otros. Todos empalidecían y temblaban cuando oían hablar de la habitación 101.
Finalmente, entró O’Brien, pero no como prisionero sino como verdugo.
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