9° encuentro ‘‘1984’’ - 19 de diciembre del 2024
9° encuentro ‘‘1984’’ - 19 de diciembre del 2024
En este encuentro llegamos a leer los capítulos 7 y 8 de la segunda parte.
Capítulo 7:
‘‘Los proles son seres humanos - dijo en voz alta -. Nosotros, en cambio, no somos humanos’’
Winston tiene recuerdos de su infancia, de cuando era un niño y la Revolución había tomado el poder. Vivía con su madre y su hermana, su padre había desaparecido hacía años. Londres estaba sumergida en la miseria. No tenían para comer y Winston, con un egoísmo propio de su edad, abusaba del poco carácter de su madre y de la indefensión de su hermanita pequeña y enferma. Cierto día el gobierno repartió una tableta de chocolate por familia y Winston, en un rapto de individualismo, les arrebató todo el chocolate y huyó, dejándolas sin nada para comer. Cuando volvió a las horas, estas ya no estaban y nunca más las vio. Tal vez murieron de hambre, tal vez las desaparecieron, nunca lo supo y a pesar de haber reprimido este recuerdo siempre se quedó con la sensación de haber matado a su familia.
Lo que más llamó la atención de Winston fue un gesto de su madre. Cuando Winston roba el chocolate y su hermana rompe en llanto, la madre la abraza, seguramente consciente de su inevitable perecimiento. Este acto, no tiene un sentido práctico, no resuelve el problema, sin embargo sí tiene un sentido emocional. Esto que tal vez para nosotros es una obviedad, pero no lo es para él. Los miembros del Partido fueron perdiendo esa espontaneidad que tienen los sentimientos auténticos. Lo que busca el Estado con su mirada terriblemente castradora es desindividualizar al individuo, despersonalizar a las personas. Volverlos unos autómatas huecos de humanidad. Libres impulsos y emociones propias. Y si bien aún no han lograron robotizarlos del todo, sí sus sentimientos están corrompidos por el miedo y odio. En los proles sobrevive esa humanidad y por eso son la última esperanza.
No suponía, basándose en lo que podía recordar de ella, que hubiera sido una mujer extraordinaria, ni siquiera inteligente. Sin embargo, estaba seguro de que su madre poseía una especie de nobleza, de pureza, sólo por el hecho de regirse por normas privadas. Los sentimientos de ella eran realmente suyos y no los que el Estado le mandaba a tener.
Winston y Julia, que saben que es sólo cuestión de tiempo para que los descubran, se juran lealtad. La lealtad no consiste en no delatarse, todos confiesan bajo tortura. La traición para ellos es dejar de amarse. Pueden obligarte a hacer y decir lo que quieran, pero hay un lugar que es impenetrable: el alma. Las profundidades del alma siguen siendo un lugar inaccesible y es ahí en donde subsiste su humanidad. Y mientras que esa humanidad persista, el Partido no habrá podido ganarles.
Capítulo 8:
Winston y Julia van a la oficina de O’Brien. Este les pregunta qué están dispuestos a hacer para debilitar el poder del Partido. Ellos contestan que están dispuestos a todo, hasta a las cosas más aberrantes, menos a separarse. O’Brien acuerda enviarle secretamente el libro de Goldstein. En este libro se revela la verdadera realidad de Oceanía y las estrategias de la lucha de los enemigos del Partido.
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