8° encuentro ‘‘1984’’ - 4 de diciembre del 2024

8° encuentro ‘‘1984’’ - 4 de diciembre del 2024


En este encuentro llegamos a leer los capítulos  4, 5 y 6 de la segunda parte



Capítulo 4: 


Los encuentros de Winston y Julia se volvieron cada vez más difíciles de concretar. Se acercaba la Semana del Odio, uno de los eventos más importantes del año, y los preparativos exigían casi todo el tiempo libre de los miembros del Partido. Es por esto que Winston decide alquilar la habitación del primer piso de la tienda de antigüedades del señor Charrington, ya que les quedaba más cerca y no les demandaba tantas dificultades. El señor Charrington estuvo de acuerdo y se comportó de un modo muy discreto. Aún así, tanto Winston como Julia, tienen conciencia de lo peligroso de estos encuentros. Ellos saben que es sólo una cuestión de tiempo para que los descubran.


Mientras Winston espera a Julia, el autor hace algunos comentarios al pasar pero que nos parecieron interesantes. Una prole, bajo la ventana de la habitación, canta una canción de moda mientras lava la ropa. ¿De qué autor o autora era la canción? De ninguno. Las canciones son creadas por el Departamento de Música especialmente dirigidas para los proles. Las letras de estas canciones ni siquiera son creadas por burócratas sino por una máquina llamada ‘‘versificador’’. Los poemas creados por el versificador son un montón de lugares comunes sin ningún tipo de profundidad. 


A esto es a lo que va el autor cuando describe a los proles. Los proles están adormilados en la estupidez. No necesitan mano dura con los proles porque estos son de por sí sumisos. No sumisos porque sean particularmente obedientes sino por la chatura de su espíritu. Una chatura que no les permite ver más allá, soñar con otro mundo posible, decir algo propio, algo único, algo que no pueda ser estandarizado. 


Esto nos hizo sentir identificados y reflexionamos acerca de nuestra propia falta de rebeldía. ¿O acaso no es cierto que nosotros también escuchamos la última música de moda? Sin saber por qué, sin saber si realmente nos gusta o no, sólo siguiendo una inercia. ¿No nos vestimos como dicen que hay que vestir? ¿No tenemos el peinado que hay que tener? ¿No nos descubrimos cantando letras que nada tienen que ver con nuestra manera de pensar? ¿No vemos en el cine películas aburridas, sin creatividad, la copia de la copia de la copia? Pero bueno, es lo que hay…


Pero si lo de los proles es triste, lo de los miembros del Partido es todavía peor porque ni siquiera tienen permitido cantar de manera espontánea.


Winston y Julia hallan en aquella habitación un pequeño espacio de libertad en el cual poder experimentar su sexualidad. Julila usa maquillaje y perfume por primera vez y sueña con probarse un vestido. Desea sentirse una mujer y no una camarada. 


Un dato que se nos pasa inadvertido pero que más adelante va a tener importancia, es el miedo de Winston por las ratas: ‘‘¡Una rata! ¡Lo más horrible del mundo!’’.



Capítulo 5: 


Winston y Julia piensan sobre el futuro de la pareja. Son conscientes de que se están conduciendo directamente hacia la tragedia. Por eso, fantasean con la posibilidad de fugarse, de falsear sus identidades y construir una vida como proles, de casarse si es que muriera la esposa de Winston, de perpetuar esta vida de encuentros clandestinos y hasta de suicidarse. 


Hablan de política, Winston le cuenta lo que sabe sobre la Hermandad, una organización secreta dedicada a derrocar al Partido y tomar el poder. Julia cree que es todo un invento. En realidad, Julia cree que casi todo es un invento: que las noticias de la guerra son un cuento, que en realidad las bombas que caen sobre Londres son autoatentados para aterrorizar a la población, incluso tampoco creía en la devoción de los miembros del Partido. Lo que sospecha es que en el fondo todos odian al Gran Hermano. 


En este intercambio de ideas vemos un matiz diferente entre uno y otro. A Julia le interesa salirse con la suya, disfrutar, encontrar los intersticios del sistema para llevar a cabo sus deseos individuales. Da por sentado que el Partido es invencible y no le importa qué es invención y qué es realidad, si no la afecta en lo personal. Si Oceanía está en guerra con Eurasia o con Asia Oriental le da exactamente lo mismo. En cambio a Winston sí le importa la verdad. Tal vez por ser más viejo y tener algunos vagos recuerdos anteriores a la Revolución o tal vez por estar en la cocina misma de las mentiras del Partido (en el Departamento de Registro) para Winston era trascendental diferenciar la verdad de la mentira. O quizás, simplemente para saber que no estaba loco. 


Winston vuelve una y otra vez a un hecho que lo marcó para siempre. Había tenido en las manos una prueba irrefutable de una mentira del Partido. A sus manos llegó una fotografía en las que aparecían tres acusados de traición (Jones, Aaronson y Rutheford) en Nueva York. Sin embargo, la información oficial era que en esa fecha estos tres acusados estaban en tierras eurasiáticas entregando información al enemigo. Por esta acusación, entre otras, los acusados fueron asesinados. Winston se apresuró a destruir la fotografía porque ponía en riesgo su propia vida, sin embargo nunca pudo borrarla de su mente. 




Capítulo 6:


O’Brien con la excusa de mostrarle la nueva edición del Diccionario de Neolengua lo cita a Winston a su oficina. Este sabe, que el hecho no tiene razón de ser y da por confirmado que se aproxima una invitación para ingresar a la Hermandad.





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