6° encuentro ‘‘1984’’ - 22 de octubre del 2024

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Capítulo 7:


‘‘Si hay alguna esperanza está en los proles’’


En el capítulo siete Winston describe a ‘‘los proles’’ y su potencial revolucionario. 



La sociedad de Oceanía está dividida en tres clases sociales: el Partido Interior, el Partido Exterior y los proles. El Partido Interior es el estrato más alto, se caracterizan por la vestimenta de un mono negro (que a algunos recuerda a las SS nazis). Los miembros del Partido Interior conforman el estrato más alto de la sociedad, son la clase dirigente y gozan de privilegios tales como más alimentos, mejores viviendas, etc. Más adelante se dice que pueden apagar la telepantalla por el tiempo máximo de 30 minutos (aunque no queda claro si esto es verdad o mentira). Por otro lado, el Partido Exterior representa una especie de clase media baja. Los miembros del Partido Exterior forman efectivamente parte del Partido pero no tienen altos rangos ni toman ningún tipo de decisión importante. Son empleados estatales que se ocupan de llevar adelante las políticas del Partido. Se identifican por llevar un mono azul. 


Por último, tenemos a los proles. Los proles son la clase social más baja, la palabra ‘‘prole’’ es una abreviatura de ‘‘proletario’’. Esta clase social alcanza el porcentaje de un ochenta y cinco por ciento de la población total de Oceanía. 


Mientras que los miembros del Partido Exterior conforman el aparato burocrático del Partido, los proles en cambio, son trabajadores independientes que se dedican a trabajos físicos y no a actividades intelectuales. Viven en la miseria, en conflicto permanente, con un cierto salvajismo por salvarse individualmente. Ganar la lotería era la gran pasión y esperanza de millones de proles. 



(Me pregunto internamente si esta descripción cargada de cualidades repulsivas no está nublado por una lente gorila, tantas veces presente en los intelectuales.)



Las diferencias entre los proles y el Partido Exterior son muchas. Principalmente, son los miembros del Partido Exterior quienes más padecen la fuerza represiva del Estado. Son la principal víctima del adoctrinamiento y quienes más se encuentran bajo la lupa de los servicios de inteligencia. Mientras que cada instante en la vida de un burócrata está cuidadosamente vigilado, los proles andan libres de la mirada de la telepantalla por los barrios suburbanos. 


¿Por qué las altas esferas del Partido se toman tantas molestias con un grupo y tan pocas con el otro? La respuesta es simple: los miembros del Partido Exterior son considerados peligrosos, éstos son los que el Partido considera que tienen la formación, la inteligencia y la capacidad para generar revoluciones internas y hacerse del poder. Los proles en cambio son vistos como animales estúpidos por lo tanto no vale la pena vigilarlos tan de cerca. 


Aún así, Winston detecta en los proles un potencial revolucionario inexistente en el Partido Exterior. Este potencial consiste en que los proles tienen un mayor margen de acción y sobre todo consiste en la cantidad. Por más desarrollado que esté un sistema de seguridad jamás podría hacer frente a una embestida de un grupo que conforma el 85% de la sociedad. Para lograr esto, los proles deberían alcanzar un cierto grado de organización política, cosa que pareciera estar lejos de la realidad efectiva. 



Hasta que no tengan conciencia de su fuerza, no se rebelarán, y hasta

después de haberse rebelado, no serán concientes. Éste es el problema. 




Capítulo 8:


Con la idea de que ‘‘Si hay alguna esperanza está en los proles’’ retumbando en su cabeza, Winston sale después del trabajo a caminar por los suburbios. Una actividad muy peligrosa que podía levantar sospechas poco deseadas. 


Siguiendo a un anciano, entró en un bar, con la intención de preguntarle por los tiempos anteriores a la Revolución. ¿Cómo era la vida antes de que el Partido tomara el poder? ¿Era mejor o peor que en ese momento? Ya casi nadie lo recordaba. La única información disponible era la de los libros de historia del Partido llenos de datos falsos. En vano intentó sacarle información, el viejo sólo desvariaba y se perdía una y otra vez en el hilo de la conversación. Poco después volvió a la calle y se topó con aquella tienda de antigüedades en la que había comprado el diario. Entró y tuvo una agradable conversación con su dueño, el señor Charrington, quien le mostró la escasa mercadería de la tienda y una habitación en el primer piso libre de telepantalla. 


Al salir de la tienda Winston se cruza con una joven del Partido. Hacía ya tiempo que Winston se sentía observado por aquella muchacha de pelo negro. A Winston le atraía su belleza al mismo tiempo que le despertaba un odio visceral ya que sospechaba que esta pertenecía secretamente a la Policía del Pensamiento y que había descubierto que Winston era un criminal mental.


Ella sigue su camino como si no lo hubiera visto y Winston aterrorizado piensa en la posibilidad de asesinarla. Sin embargo, vuelve a su casa con la convicción de que había sido descubierto y que poco tardarían en ir a buscarlo. Saca una moneda del bolsillo, observa en esta el rostro del Gran Hermano y se pregunta ‘‘¿Qué clase de sonrisa se escondía bajo el oscuro bigote?’’.


Tropas de las SS en posición de firmes


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