5° encuentro ‘‘1984’’ - 15 de octubre del 2024
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Capítulo 6
En el capítulo 6, Winston Smith narra en su diario un episodio ocurrido hace tres años, en el que fue a visitar a una prostituta. A la vez que escribía esta historia venían a su mente recuerdos de su esposa Katharine (no mencionada en el libro hasta este momento). Esta relación fue un matrimonio fallido que duró apenas un año y tres meses. Hacía nueve o diez años que se habían separado y no sabía nada de ella. Katharine era físicamente atractiva pero su espíritu estaba seco. Completamente adoctrinada por el Partido sólo era capaz de repetir slogans. Esto no habría impedido que Winston siga adelante con la relación sin embargo lo que realmente le resultaba intolerable era el sexo.
Vayamos un poco para atrás. ¿Qué postura política y moral asumió el Partido con respecto al sexo?
La bajada de línea que el Partido hacía con respecto a este tema iba bastante en consonancia con la adoptada por algunas instituciones religiosas en nuestra realidad. La virginidad era valorada como una virtud moral, por ejemplo ser miembro de la Liga Juvenil Anti-Sex era algo que otorgaba prestigio. Aún así, por supuesto que no todos eran castos, el sexo dentro del matrimonio era el único aceptado. Pero este resultaba una especie de trámite engorroso para poder engendrar hijos. El acto sexual tenía exclusivamente una finalidad reproductiva a tal punto de que las parejas a las que el Estado daba el visto bueno para casarse, eran parejas que carecían de deseo, de piel, de calentura.
La finalidad del Partido en este asunto [la promiscuidad entre miembros del Partido] no era sólo evitar que hombres y mujeres establecieran vínculos imposibles de controlar. Su objetivo verdadero y no declarado era quitarle todo placer al acto sexual. El enemigo no era tanto el amor como el erotismo, dentro del matrimonio y fuera de él. Todos los casamientos entre miembros del Partido tenían que ser aprobados por un comité nombrado con este fin y -aunque al principio nunca fue establecido de un modo explícito- siempre se negaba el permiso si la pareja daba la impresión de hallarse físicamente enamorada. La única finalidad admitida en el matrimonio era generar hijos en beneficio del partido. (Orwell, 2010: 67)
Una pregunta que me hago hace un tiempo es: ¿por qué ciertos regímenes políticos y las religiones en general le dan tanta importancia al sexo? ¿Es algo tan relevante - en relación a los fines del régimen político en cuestión - lo que la gente haga o deje de hacer en sus camas? ¿Es una cuestión de pacatería o hay algo más?
En el fragmento anteriormente citado se nos da una pista interesante. Orwell saca el foco del sexo y lo pone en el erotismo. Dice Winston que el enemigo del partido era el erotismo y que lo que se buscaba evitar eran ‘‘los vínculos imposibles de controlar’’. Habita en el erotismo la semilla de lo incontrolable. Ojalá podamos seguir reflexionando sobre este concepto más adelante.
Volvamos al diario de Winston. Nuestro personaje principal nos narra dos historias en paralelo y ambas nos sirven para ejemplificar lo que afirmamos en el párrafo anterior. Por un lado tenemos la historia de la visita a la prostituta que Winston vuelca en su diario y por otro lado tenemos los recuerdos que van surgiendo de Katharine. Como dijimos más arriba, Winston llegaba a tolerar que su esposa carezca de pensamiento propio y que sea una especie de telepantalla humano, lo que le resultaba abominable era tener sexo con ella. Winston hubiera optado por el celibato pero Katharine insistía en que tuvieran hijos porque ése era el mandato del Partido. Sin embargo, a tal punto los preceptos anti-sexo habían calado en ella que se le hicieron carne. Rígida, fría y apática, tener sexo con Katharine era como acostarse con una estatua.
A su vez, con la prostituta no le fue mucho mejor a Winston. ¿Cómo es esto de que en una sociedad con tanta represión existan las trabajadoras sexuales? Habíamos dicho que tener relaciones sexuales fuera del matrimonio estaba prohibido. Y esto, efectivamente era así. Sin embargo, si a uno lo atrapaban teniendo relaciones con otra/o miembro del partido se debía pagar con la vida. En cambio, en el caso del consumo de prostitución, la pena a pagar eran cienco años de trabajos forzados. No es que sea poco, pero evidentemente no era considerado como una falta imperdonable.
Tácitamente, el Partido se inclinaba a estimular la prostitución como salida de los instintos que no podían suprimirse. Esas juergas no importaban políticamente ya que eran furtivas y tristes y sólo implicaban a mujeres de una clase sumergida y despreciada. El crimen imperdonable era la promiscuidad entre miembros del Partido. (Orwell, 2010: 66)
Si bien estaba prohibido y tenía su sanción, tener relaciones con una prostituta no era considerado como algo peligroso para los fines políticos del Partido. Pienso que esto es así porque tampoco en este caso surge lo incontrolable. Por el lado de ella, no hay mayor involucramiento que estar cumpliendo con un trabajo y por el lado de Winston, digamos simplemente que pudo satisfacer una necesidad física pero que en realidad ella no lo atraía.
Tenemos dos historias narradas en simultáneo. En ambas hay sexo, lo que no hay es erotismo, deseo, placer. Dicho en otras palabras: hay sexo pero no hay BUEN sexo. ¿Qué vendría a ser tener buen sexo? Es difícil de definir, pero es algo así como poder gozar con la persona que te caliente y de la manera única e irrepetible que a cada uno lo caliente. Es ahí donde habita lo ingobernable, incluso para uno mismo.
Orwell, George, ‘‘1984’’, Ediciones del Subsuelo, 2010.

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